Por Nino Gallegos, para APIAvirtual.
Meditar y sentirse como en un mundo budista con el capitalismo-consumismo de lujo y funeral, de vigilancia y digital, introvertido público y extrovertido íntimo, quedándose en la levitación privada del ocio en los placeres gastronómicos de la comilona y sexuales de las eyaculaciones, la exterioridad de la seguridad y la interioridad de la libertad se financian y se afianzan en la pantalla smartphonica para la individualidad de los colectivos anónimos, tanto en una a-normalización muelle de lo confortable y lo navegable insoportable, uno está en el tiempo y en el espacio como quien se place a sí mismo en la inercialidad de una movilidad ordinaria y cotidiana, uno no va más que a lo que llega más allá de lo que es más acá en el país y en el mundo de las sombras espectrales en que se vive, se sobrevive, se muere y se desaparece.
Para una vida adulta, no hay mejor estado de cosas materiales e inmateriales necesarias que la literatura, la poesía, el periodismo, y, la música, para el recuerdo vivo del olvido vivido cuando se está a lo largo del mirador en lo que uno cree porque se está en lo alto de lo mediano y lo bajo y lo más lejano a lo más cercano es la cierta sensación de que el tiempo y el espacio entre el universo y el sentido de la vida son un pensamiento que explotó y se expandió en la palabra, el acto y el hecho del ser humano cuando la flora y la fauna estaban antes que alguien y nadie en la nada humana, y la relación naturaleza y ser humano, antes, durante y después devino con el cambio climático o el calentamiento global, haciendo del universo un sinsentido del bien común natural y humano, industrializando el tiempo sobre el espacio.
Desde entonces, la transformación de lo antiguo a lo moderno, superó las vidas vividas con las épocas históricas, la creación con la destrucción y la reconstrucción, la evolución natural con la revolución social, cimentando los errores y los horrores del pasado con el presente, dejando el interregno del futuro para la plenitud de la vaciedad natural y humana, a reserva, de las reservas naturales y humanas, reproducidas en series y seriales criminales y docuseries trágicas, dramáticas y melodramáticas cuando la caída de las Torres Gemelas es levantarse de entre las ruinas materiales y humanas para que el pensamiento, en un camino único, es la Torre de Trump a un lado de la Estatua de la Libertad con la America First-Make Great Again, pasando de Ellis a Manhattan y Guantánamo.
Lo de sentirse como en un mundo budista, la intrascendencia de la meditación, es un trance, en transición, hacia el paradigma y el estigma de 1900 a 1925 y de 2000 a 2025 con la renovación de China, aplicando Jinping a Putin y Trump lo que Confucio (Kung-con Fu-fu Tzu-cio) le ha soplado en el oído sordo: “Sólo los sabios más excelentes, y los necios más acabados, son incomprensibles”, lo que hace comprender-incomprensiblemente lo sobrehumanamente inhumano con los lamentos de los uigures encarcelados y los chillidos de los conejos sacrificados, no teniendo ninguna relación con el año del conejo chino y menos con la condición humana de los uigures como la pobreza rural y la desigualdad económica y social en la mayoría china ante la pantalla urbana de las ciudades con apantallantes construcciones de edificios y puentes colgantes, siendo vigilados y castigados por la policía política del PCCH.
Meditar y sentirse como en un mundo budista, en el mundo de las sombras espectrales, no es cierto que el avestruz mete la cabeza a la tierra para no ver el peligro que la acecha, y que eso de un fantasma amarillo que es el real comunismo-consumismo-capitalista de China recorriendo el mundo, tiene amiedado a medio mundo con el otro medio mundo por Rusia, poniendo cercanía USA con Rusia para distanciar a China, el resto del mundo con los países aliados a USA son socios comerciales con China entre el Norte Global y el Sur Global, y para ser más sabios, y no necios, la lógica y la logística, deben serse y hacerse en la competencia comercial, y no, en la guerra nuclear, porque en el budismo como en el capitalismo, el consumismo es el egocentrismo del cinismo y el egoísmo del individualismo y el colectivismo(de y en) las supremacías imperiales azul, roja y amarilla.
Quizás no o tal vez sí, lo que uno piensa sobre la arena, uno no lo pasa por el tamiz de la meditación en un reloj de arena con el matiz de lo que está lleno arriba se vacía abajo, ni siquiera lo del vaso medio vacío o medio lleno, el sinsentido del universo es que hemos alcanzado el tiempo como asidero en la caída del tiempo Cioranesco y en el espacio Foucaultiano en que el rostro dibujado sobre la arena está siendo borrado por olas del mar.