Por Tariq Kenney-Shawa
Fuentes: https://www.sinpermiso.info/
El acuerdo de cese el fuego puede reducir la intensidad de la ola de asesinatos de Israel, pero es probable que anime una nueva y agotadora fase de limpieza étnica con el pleno apoyo de Trump.
Steven Witkoff, el nuevo enviado de Donald Trump en Oriente Medio, supuestamente no se andó por la ramas cuando informó a los israelíes que llegaría para reunirse con el primer ministro Benjamin Netanyahu el sábado pasado. Cuando se le dijo que su visita coincidía con el Shabat, lo que significa que el primer ministro no estaría disponible hasta la noche, Witkoff dejó claro que la fiesta judía no interferiría con sus planes de viaje. Netanyahu, entendiendo lo que estaba en juego, fue a su oficina esa tarde para reunirse con el enviado, quien posteriormente se fue a Qatar para presionar más a favor de un acuerdo de alto el fuego para Gaza.
Poco se sabe de los detalles de su conversación, pero está claro que Witkoff logró mover a Netanyahu más en una sola reunión que toda la administración Biden en 15 meses. El 15 de enero, Israel y Hamas acordaron un acuerdo de alto el fuego de varias fases que prevé intercambiar a los rehenes israelíes por prisioneros y cautivos palestinos, junto con una eventual retirada total israelí de Gaza.
Es demasiado pronto para decir si este acuerdo se mantenderá. La larga tradición de Israel de violar los ceses de fuego, junto con las exigencias de los ministros israelíes de continuar con el genocidio, nos dan razones para ser escépticos. Pero la noticia de la tregua ha aportado un alivio indescriptible a millones de personas en Gaza que se han enfrentado a una campaña de aniquilación durante más de un año.
Si el alto el fuego en Gaza se mantiene, será el resultado material de la dinámica introducida por la administración entrante de Trump, un recordatorio de la facilidad con la que Washington puede influir en las acciones de Israel si realmente quiere. El presidente Joe Biden, cegado por su compromiso con un sionismo mítico que existe únicamente en su imaginación, no estaba dispuesto a ver que la guerra no solo es moralmente grotesca por derecho propio, sino que también es perjudicial para los intereses estadounidenses e israelíes en la región. En muchos sentidos, el genocidio de Israel en Gaza y su campaña de desestabilización regional también se convirtieron en una guerra propia de la administración Biden.
Trump opera sin las mismas restricciones ideológicas, y está mucho más preocupado por lo que puede obtener de una relación determinada. Trump buscó un acuerdo de alto el fuego no solo porque serviría como un éxito contundente de relaciones públicas -podrá presumir de que ha resuelto un problema que Biden nunca pudo, y con razón-, sino más importante, porque permitirá a su administración perseguir otras prioridades, como negociar un acuerdo de normalización entre Israel y Arabia Saudí.
En otras palabras, para el presidente electo, un alto el fuego no es una cuestión de principios o moralidad; es transaccional. Mientras que Biden estaba feliz permitiendo que el genocidio de Israel en Gaza bloquease una amplia gama de intereses estadounidenses y regionales, Trump está decidido a eliminar cualquier obstáculo que se interponga en el camino de su agenda más amplia.
Pero el presidente electo y aquellos de los que se rodea también han dejado claro que tienen la intención de hacer que la cooperación de Netanyahu valga la pena. Si el primer ministro israelí consiente el alto el fuego incluso solo en su primera etapa, esperará un retorno de su inversión, y su precio será un nuevo desplazamiento masivo de palestinos tanto de Gaza como de Cisjordania.
Un paquete de regalo de alto el fuego
Aún así, no deberíamos darle demasiado crédito a Trump. Poco cambió fundamentalmente cuando se trataba de la influencia que estaba dispuesto a usar para influir en la conducta de Israel. Hasta donde sabemos, Trump nunca amenazó con condicionar la ayuda militar a Israel. Tampoco indicó que reconsideraría la práctica de su predecesor de ignorar el derecho internacional para proteger a Israel de la rendición de cuentas en el escenario mundial.
Algunos argumentarán que las amenazas de Trump y el colapso de varios frentes de resistencia en toda la región obligaron a Hamas a hacer concesiones en el proceso de negociación. Pero no era Hamas el que necesitaba convencer, ya habían aceptado propuestas anteriores de alto el fuego que eran en gran medida indiscernibles del acuerdo actual, que se remontan a mayo de 2024. Al final, era Israel el que necesitaba el empujón, y Witkoff probablemente le indicó a Netanyahu que a pesar de no compartir la ciega lealtad de Biden a Israel, Trump en realidad haría más por recompensar su cooperación.
El hecho de que Netanyahu haya decidido hasta ahora abstenerse de hundir este acuerdo de alto el fuego muestra que confía en que puede obtener algo significativo a cambio. Los medios israelíes ya están informando que el «paquete de regalo» del alto el fuego de Trump a Netanyahu podría incluir una larga lista de golosinas, desde levantar las sanciones al software Pegasus del Grupo NSO israelí y a los colonos israelíes violentos, hasta dar la bendición de Washington a un importante robo de tierras en Cisjordania o a la anexión total, y permitir o incluso facilitar un ataque directo contra Irán.
Pero no se trata solo de lo que Israel está recibiendo a cambio de un alto el fuego. También se trata de lo que ya ha recibido.
En los ocho meses desde que Israel rechazó por primera vez un acuerdo casi idéntico, que Hamas había aceptado en principio, su ejército ha masacrado a decenas de miles de palestinos y diezmado grandes franjas de la Franja de Gaza. Este fue el precio para que Israel lograra sus verdaderos objetivos: no eliminar a Hamas o asegurar la liberación de rehenes, muchos de los cuales fueron asesinados mientras Israel se estancó en un alto el fuego, sino la destrucción y «estrechamiento» de Gaza y la reconstrucción del Medio Oriente.
Los hechos sobre el terreno en Gaza hoy pintan un panorama que aún no podemos comprender completamente. Las fuerzas israelíes han demolido barrios enteros para ampliar la zona tapón que rodea la Franja, ampliado el Corredor Netzarim que divide el territorio y, en última instancia, forjar el enclave para un futuro control perpetuo. Al hacerlo, se han apoderado de más del 30 por ciento del territorio anterior al genocidio de Gaza, al tiempo que han hecho inhabitable gran parte del resto.
Mientras tanto, Israel ha aplicado en gran medida el llamado «Plan General», la limpieza étnica de todo el norte de Gaza por encima de la ciudad de Gaza. Beit Hanoun, Beit Lahiya y Jabalia, ciudades que alguna vez fueron el hogar colectivo de más de 300.000 personas, se han reducido a escombros, como parte de una campaña para despoblar el área y afianzar el control israelí mientras sientan las bases para la construcción de asentamientos judíos.
En otros lugares, Israel cerró su frente con Hezbolá, y la caída de Assad le permitió apoderarse de más tierras en los Altos del Golán y las laderas orientales del Monte Hermon/Jabal A-Shaykh. Mientras tanto, en Cisjordania, los ataques de colonos, respaldados por el estado, contra palestinos han aumentado en frecuencia y brutalidad, mientras que la Autoridad Palestina sirve como socio pleno en la intensificación de la represión del ejército israelí contra la resistencia en Jenin, Nablus y Tulkarem.
Claramente, Netanyahu permitió que el acuerdo de alto el fuego avanzara sabiendo que el escenario está preparado para que Israel centre su atención en anexionar Cisjordania, enfrentarse a Irán y consolidar su futuro como un estado fortaleza asediado.
Consolidar la nueva realidad
Incluso si el acuerdo de alto el fuego no sobrevive más allá del período inicial de 42 días, sin duda salvará innumerables vidas y dará a los palestinos la oportunidad de respirar, comer, llorar y recibir tratamiento médico. Sin embargo, si bien se supone que el enfoque gradual del acuerdo dificulta la renegación para Israel, eso depende de la aplicación. En este momento, lo único que se interpone en el camino de la reanudación de la aniquilación una vez que el alto el fuego comience a afiarse es una comunidad internacional que ha abandonado a los palestinos durante más de un año.
Miembros clave de la coalición de extrema derecha de Netanyahu ya han advertido que no aceptarán otra cosa que una continuación del asalto de Israel a Gaza después de que se complete la primera fase del acuerdo, incluso a expensas de los rehenes restantes. Y después de atribuirse el mérito de lograr el alto el fuego en primer lugar, no hay indicios de que Trump vaya a responsabilizar a Israel o presionar a Netanyahu para que siga adelante con la segunda y tercera fases del acuerdo.
Si bien el alto el fuego puede detener el derramamiento de sangre inmediato, también consolida una nueva realidad: Gaza como una prisión fragmentada e inhabitable. La gran mayoría de la población de Gaza se ha visto obligada a entrar en campos de concentración altamente securizados y controlables en el sur y centro de la Franja, donde su supervivencia está a merced del capricho de Israel.
El genocidio no se lleva a cabo solo con bombas y balas, y no termina cuando las armas se callan. La enfermedad, la desnutrición y el trauma, no tratados por un sistema de salud reducido a escombros, continuarán cobrando vidas en los próximos años, mientras que hacer que la tierra sea habitable de nuevo después de la devastación y la intoxicación llevará décadas. E Israel no ha terminado: ha creado las condiciones para la limpieza étnica completa y permanente de Gaza, guiada por el centenario espíritu sionista de «cuanto más tierra con menos árabes».
Este alto el fuego reducirá la intensidad de la ola de asesinatos de Israel, pero es probable que de paso a una nueva fase agotadora de este genocidio en curso que aún tenemos que comprender en su plenitud, y que está totalmente apoyado por la administración entrante de Trump. Es posible que la limpieza étnica de Gaza no se lleve a cabo de una sola vez, sino más bien en un proceso fragmentario que tome forma a medida que hacemos un balance del alcance de la destrucción sistémica por parte de Israel de todas las cosas que sostienen la vida en la Franja.
Independientemente de lo que nos depare el futuro, deberíamos aferrarnos a las palabras del difunto Refaat Alareer: «Como palestinos, no importa lo que venga de esto, no hemos fracasado. Hicimos lo mejor que pudimos. Y no perdimos nuestra humanidad… No nos sometimos a su barbarie».