lo mismo y lo diferente
Por Nino Gallegos, para APIAvirtual.
Para el expresidente el Vamos Bien y la president(a) el Vamos Muy Bien, son la clara y la oscura intransparencia del lugar común y corriente de la falsa calidad y la artificial cantidad desde el poder, a todo modo, del gobierno iliberal, autoritario y conservador en la continuidad-discontinuidad del segundo piso en la 4T con la altura de la ejecutiva, la mediadura del legislativo y la bajura de lo judicial en los hoyos negros de lo financiero y en la ineficiente burocracia política, económica, social y cultural, pues (“Cuando desperté, la cultura ya no estaba aquí”) en el país de las sombras espectrales con la seguridad blindada y agujerada de la corrupción y la impunidad, la violencia y la criminalidad en una a-normalidad de los cinco sentidos y el sexto año sexenal, lamentablemente, por los muertos, los feminicidios y los desaparecidos.
En el teatro del pueblo con primero los pobres como espectadores, la simulación y el simulacro, la realidad social en la realidad virtual, es la Conferencia del Pueblo con los temas del pasado-reciente-presente, porque el asunto público como el de Infonavit, no es como el asunto privado de Segalmex, es la manía de la ética y la maña de la moral políticas con que el pasado-reciente-presente del legado presidenciales la herencia, en vida, de la tara y la deuda sexenal del padre político a la hija política, diciendo Javier Sicilia que a la president(a), le falta una pata de las cuatro en la mesa que es la pata de la justicia transicional, que para quien esto escribe es que si sigue la president(a) amarrada a una de las patas de la cama presidencial, las hembras de MoReNa, no la van a soltar, lo que para Sicilia “una gota de agua dulce en el mar salobre” es la justicia por el crimen de su hijo, informando lo siguiente:
“Los gobiernos de la llamada Transición Democrática y los de la autonombrada Cuarta Transformación han sido los gobiernos del horror y el miedo. La realidad no cesa de mostrarlo: más 500 mil asesinados, más de 100 mil desaparecidos, más de tres mil fosas clandestinas, 98% de impunidad, interminables masacres y exhibiciones de cuerpos mutilados, colusiones del crimen organizado con funcionarios del Estado, inseguridad galopante y una creciente militarización. Desde hace mucho padecemos una situación equiparable a países en guerra, con conflictos internos armados o cooptados por una lógica criminal. Pese a ello, los gobiernos de los últimos 18 años no han hecho otra cosa que negarlo y reducir esa realidad a un asunto de nota roja que se combate con balazos (Calderón), ignorándola (Peña Nieto), atendiendo la pobreza (López Obrador) o con golpes mediáticos como la operación Enjambre o el reciente decomiso de un cargamento de fentanilo en Sinaloa (Sheinbaum). La consecuencia es que vivimos cada vez más como animales de rastro, privados de futuro y obligados a aceptar que esa vida es normal”.
Viviendo, sobreviviendo, muriendo y desapareciendo con los golpes metálicos y mediáticos, en el país de las sombras espectrales, no son céntricos-periféricos, porque están en las cámaras, los semáforos, los medios y las redes sociales, donde el pueblo y los pobres, la gente y los demás, los otros y nosotros estamos en medio del miedo ambiente, “como animales de” los rastros íntimos y los mataderos públicos, sin faltar las fiestas familiares y las depresiones individuales, Herodes y el niño Jesús, la Guadalupe-reyes y la cuesta de enero en lo mexicano es de los mexicanos: tirar y quemar, en las calles, los árboles navideños, los balazos, al cielo, en Culiacán cada fin de año para despedir al año viejo y recibir el año nuevo con más balazos, más muertos, y, más abrazos.