Por Carmen Escalante
Gritos de personas, algunas de ellas, despertando, entre el terror de casas y edificios cayendo sobre sus cabezas y cuerpos. Eran las 7:17 de la mañana, del jueves 19 de septiembre de 1985 y la Ciudad de México se estaba derrumbando.
A la fecha, los datos no son precisos, se calcula (ya se sabe que en México en muchas ocasiones, sólo se calcula, no se precisa) que fueron alrededor de diez mil víctimas a causa del desastre natural de esa mañana. Entre los edificios que se derrumbaron, se pueden mencionar, el Hotel Regis, el Hotel Versalles, el edificio Nuevo León del conjunto urbano Nonoalco Tlatelolco, las instalaciones de Televisa Chapultepec, varias vecindades en Tepito, Peralvillo, la colonia Morelos y la Merced que sumaron aproximadamente un total de cincuenta edificios. Los daños en la ciudad fueron más que los que se describen en las estadísticas, los registros de las víctimas son imprecisos, debido a que las comunicaciones no permitían la transmisión de los hechos en hora y lugar exactos como ahora. De haber existido el internet, las transmisiones hubieran permitido un conteo más exacto de los daños.
México se hizo uno, las brigadas de jóvenes ayudando a rescatar a personas de entre los escombros se hicieron presentes en ese entonces. Algunos de ellos, con cincuenta años ahora, recuerdan el polvo, la tierra, los trozos de concreto que aplastaban a las personas.
“Formamos una brigada, nos fuimos, yo sólo conté a mi familia y al ver que estaba completa me fui para ayudar a rescatar a los que se quedaron enterrados, yo vivía en un edifico de la Narvarte, mi hermana se salió del baño, cuando empezó a temblar, todos nos asustamos, vivíamos en el cuarto de azotea que le prestaban a mi mamá como portera”. Roberto recuerda con tristeza, el suceso, la gente muerta que encontraron, la gente que corría por las calles buscando a sus seres queridos que habían desaparecido.
El concepto Protección Civil, comenzó a tomar forma, después de esta tragedia.
Son treinta años, de aquél terremoto que marcaría un antes y un después, trágico, para miles de personas, entre ellas el “Profeta del Nopal”, Rodrigo Eduardo González Guzmán, mejor conocido como Rockdrigo González, quien murió, por el derrumbe del edificio donde vivía, en la colonia Juárez.
Cantante de las calles y para las calles, conocedor de la barriada y los chavos banda, que en más de una ocasión entró a los camiones a cantar, para él, era más importante decir algo con la música, que guardar una apariencia de muñeco sofisticado como actualmente hay muchos. De ahí su propuesta, Los Rupestres, junto con Rafael Catana, Armando Rosas, Roberto González y Nina Galindo entre otros, que tenía que ver con más, que una cara bonita.
Las rolas de Rockdrigo hablan de problemáticas cotidianas, “historias de concreto”. El desempleado, el ama de casa triste, la pobreza, la falta de oportunidades, son situaciones descritas en sus canciones, que a pesar del tiempo, siguen siendo tan vigentes, que no se olvidan. Las nuevas generaciones las escuchan, las cantan, las lloran y las hacen suyas. En un México donde estudiar sale caro, trabajar es difícil y subsistir se va convirtiendo en una proeza muy difícil de lograr, Rokcdrigo sigue haciendo vibrar, de rabia, de coraje, de tristeza por la realidad descrita en sus rolas.
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