(¿Estamos en un Nuevo Momento Histórico de la Lucha?)
Por Alfredo Velarde
El anterior reclamo y su consecuente consigna lógica que muchas expresiones del movimiento social, civil y popular opositores en el México actual troquelaron con resolución, en el sentido de que “¡ya se vaya Peña Nieto de la silla presidencial!”, configura una demanda que, en el fondo -según lo referimos para la anterior entrega en Machetearte-, no persigue otra cosa que la deposición por la vía de los hechos del autoritario, decadente y ajeno poder constituido que es contrario a todo planteamiento realizador de una genuina e incluyente democracia social de corte radical y directo-participativa en manos de la gente, la ciudadanía y sus trabajadores asalariados y no asalariados de la ciudad y el campo. Y esto significa, además, que la necesaria tarea de demolición del poder constituido que debemos materializar, supone también la génesis configuradora –al menos ya en germen o potencial- de un nacientemente nuevo poder constituyente de los de abajo y para ellos que debe erigirse y sin ambages, como una alternativa posible para el aquí y ahora del presente mexicano de lucha anti-sistémica y contra-estatal. Ésta es, pues, la materia concreta de nuestra siguiente:
Tesis VIII) ¿Por una Asamblea Constituyente del amplio Movimiento Opositor?
Todos los espacios políticos de reflexión sobre la actual coyuntura político-social de que el movimiento pueda avituallarse en México, debiera preguntarse lo siguiente: ¿hay una salida democrático-radical alternativa y generosa –y cuál- a la grave crisis política del presente y que Ayotzinapa contribuyó a iluminar, en medio de tanto dolor y rabia acumulada? Nosotros diríamos que sí, aunque a condición de que el movimiento sea capaz de perfilar con inteligencia política un encuadre eficiente y avanzado propio de una izquierda verdadera que no se resista a serlo, como en otras ocasiones, de profunda y resuelta resistencia social coordinada, civil, popular, guerrillera, obrero-campesina y juvenil del estudiantado, y que, articulando las diversas tácticas de lucha que cada una de estas expresiones del amplio movimiento social en lucha sea capaz de instrumentar, al seno del amplio repertorio de las resistencias colectivas, para derivar en un movimiento general definitivo, y que, tras acumular la fuerza necesaria, sea capaz de prodigarse en la realización de un auténtico Paro Cívico Nacional cuya función específica sea, además de la acumulación de fuerzas necesaria y la amplificación de la organizada presión social contra el régimen, sea además apto para desempeñar, con la experiencia organizativa que para todos nosotros traería consigo, el papel preparatorio de un genuina Huelga Económica General de alcances obrero, campesino y estudiantil llamada a dislocar, en los hechos, el funcionamiento material de la vida sistémica de todo el conjunto del modo de producción para ensayar el cambio por lo nuevo.
De ahí y no de ninguna otra parte, emergerá con fuerza telúrica el disolvente poder de veto al sistema para deponer a Peña, vetar al conjunto de la desprestigiada y sinvergüenza clase política nacional y al conjunto de la insulsa partidocracia cómplice de todos sus ficticios cargos de dizque “representación popular”. En tales condiciones, la propuesta en favor de la creación de un alterno espacio político de discusión y resolución integral de los graves problemas sociales que el neoliberalismo económico y el autoritarismo político detonaron, debiera ponderar la conveniencia por iniciar el aliento de un contra-poder alterno y provisional de transición en manos de los de abajo y de clara emergencia nacional, con la fuerza suficiente para la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente constructora de un amplísimo y combativo contingente clasista, además de un cualitativamente diferente pacto social alternativo de nuevo cuño. ¿Qué sería la Asamblea Constituyente? Por de pronto, avanzamos la idea propositiva que sostiene que será una suerte de órgano colegiado de colectivos asamblearios directamente representativo y coordinador de los de abajo y para ellos de todo el país y de sus más representativos sectores, colectivos y planos de la vida económica, política, social y cultural desde la gente misma y llamado a restañar una genuina y directa representación popular en acto de las organizaciones de masas, de carácter extraordinario y por fuerza temporal e investido de facultades para re-organizar las reglas conviviales y sociales entre los trabajadores y la ciudadanía merced al dibujo constituyente e inicial de un verdadero y renovado ejercicio representativo-horizontal de la gente y para ella.
Apelar a la necesaria lucha contra el antipopular poder constituido que en conjunto debemos demoler, por todo lo antes afirmado, implica la creativa imaginación activa y crítica abiertamente proclive hacia la erección de un nuevo poder constituyente en manos de la gente, concebido como democracia radical directa y participativa e inspirada en la colectiva horizontalidad para la toma de decisiones conjuntas y abiertamente inclinadas en favor del autogobierno social de la gente y para ella misma.
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