En el Estado de Guerrero
“Son Indispensables el Arma y la Pluma”: Policía Comunitaria
Por Melchor López y Sirahuén Millán
¿Como mujer, que te hace mantenerte en esta labor social?
Alguien me preguntó: “¿Por qué ingresaste a la policía comunitaria? ¿Te robaron? Algo te hicieron”. Y respondí: “Nada. No me han robado ni hecho nada”. Pero yo he leído mucho. No conocía directamente el proyecto pero había leído mucho sobre la policía. Me llamó la atención. La única organización con esas características para mí era la policía comunitaria porque no es un partido político ni de religión ni te va a estar trayendo y llevando para que hagas votos. Aquí somos libres de pensamiento. De ejecución de ideas. Podemos hacer lo que sea bueno para nuestras comunidades, y que se realicen y que sean de verdad. No hay gente que nos este jineteando de arriba.
Eso fue lo que me hizo llegar a la policía. No sabía nada de armas, ni mi familia tenía. Cuando ingresé dije que mi mejor arma era una pluma. Y una libreta. Pero poco a poco nos dimos cuenta que son indispensables las dos herramientas: el arma y la pluma. Y fuimos a campo y aprendí a usar el arma. Yo cargo una nueve milímetros; no tengo problemas en usarla pero no la he usado.
La policía me ha dado mucho más, incluso que cualquier carrera te podría dar. Porque yo soy estudiante. Estoy terminando mi carrera pero justamente la universidad me ha dicho que todo lo que me da la universidad también lo tengo que dar a la comunidad de alguna forma. Siento que eso es lo que estoy haciendo. Me siento bien. Y la base de todo esto es la resistencia. Aquí no es una carrera.
Estudio historia.
Mis familiares se preocuparon al inicio. Mi papá, como fuimos puras hermanas, y pues no hubo problema. Y pues desde que empecé a estudiar pues he estado sola. Dije: “Quiero ingresar, quiero ser parte de la policía”. Hoy ya me aceptan totalmente, pero al principio si había reticencia.
Soy comandante. Me dicen Tori…
Una anécdota complicada fue cuando apenas se había iniciado aquí la policía, secuestraron al hijo del compañero Gonzalo. Cuando se supo eso, la gente se alertó y quiso venir y ayudar al compañero. Fue una idea arriesgada. Fuimos (…) allí estaba el ejercito. Y no nos dejaron pasar. Y nos amenazaron con llevarnos a todos detenidos y a desarmarnos. Llegaron con carros grandes pero con pocos elementos del ejército. En ese momento yo estaba a cargo. Y pues sí tuve temor. Yo le digo a mis compañeros que no es malo tener miedo, de hecho es muy natural, normal. Malo que no tuviéramos nada de sentimientos, nada.
Y no sé cómo o por qué razón hablé con el comandante. “Mira, ya nos vamos”, pero se encendieron los ánimos y los compañeros ya se estaban posicionando. Y logré controlar un poco la situación. Sólo nos obstaculizaron el paso. Después nos comentaron tres compañeros (que iban vestidos de civil y que se iban a ir a Tixtla), que llegó el que parecía su jefe y comenzó a regañarlos: “¿Cómo es posible que los dejen ir?”.
Llevo en la policía comunitaria: junio del 2013, 2 años. Como andamos migrando en diferentes, me dieron el cargo de comandante después de ser policía.
Queremos que se difunda más el trabajo de la policía comunitaria y que también seguimos peleando por nuestros presos. Y que seguimos trabajando por la seguridad de nuestros pueblos. Y que este clima de hostilidad en contra de los movimientos sociales, sobre todo desde la desaparición de los 43 muchachos, obviamente continuamos apoyando a los padres, a la normal, siempre hemos estado en coordinación con ellos. Y vamos a seguir apoyando.
Tenemos una frase cuando se termina una asamblea:
Comandante: “El respeto a nuestros derechos”
Policía comunitaria: “¡Será justicia!”.
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