Por Gonzalo Lara
Es normal que los medios extranjeros aplaudan y brinden cuando en México se abre algo que los beneficia, directa o indirectamente: mineras, extracción de petróleo, gas, sectores estratégicos, pues, como la energía eléctrica, el agua y todo lo que arroje beneficios económicos. La prensa, especialmente la norteamericana, suele dar espaldarazos y arremolinarles el pelo como a un chiquillo a los presidentes que hacen bien la tarea, como a Calderón con la Iniciativa Mérida y su presunta guerra contra el narcotráfico.
Es de llamar la atención que en el último año, periódicos como The Washington Post, The New York Times o The Independent, de Inglaterra, insisten en evidenciar la corrupción y la ineptitud sobre la que pretende llevar todavía tres años más Peña Nieto este país. Parece que el que está en la silla no está haciendo lo que se le dijo o lo está haciendo tan mal, que le llueven coscorrones y jalones de patilla desde muy arriba.
La revista Time puso en febrero de 2014 a EPN en una ridícula portada con la leyenda “Salvar a México” después de que se diera a conocer lo bien que iban sus llamadas reformas (energética y hacendaria, principalmente) y casi parecía una estrellita por la, dicen, captura del Chapo que por esos días sucedía. Fue el efímero Mexican moment, tan fugaz como un mini salario mínimo. Unos meses más adelante se acabó el encanto y sigue en el suelo hasta ahora. The Economist, The Washington Post y The New York Times hicieron internacionales tres hechos que calificaron de escandalosos, funestos e intolerables en una, así llamada, democracia: la ejecución de 22 de personas contra la pared por parte del ejército en Tlatlaya, los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa desaparecidos por la fuerza por autoridades locales y federales y la aparición, como plaga, de fosas comunes por todo el territorio nacional con cuerpos que no fueron reconocidos ni se intentó nunca investigar quiénes fueron.
The Independent, un diario serio inglés, está diciendo en estos días que con un payasito de la tele, una actriz de ficheras, un futbolista, el que hacía de Quico y el demás elenco que se unen a las actuales postulaciones a cargos públicos, son una tomada de pelo circense. Consideramos que no es tener nada en contra del circo, de los payasos, de las ficheras, no para nada, son oficios respetables como todos. Lo que compartimos que no es respetable, es querer montarse en el gasto público y sangrarlo desde la pantalla de tener un cargo de representación popular.
Entonces resulta que la prensa internacional evidencia lo que muchos medios en México callan por convicción o por mordazas impuestas. Es de aplaudirse que esto esté sucediendo, pero al mismo tiempo causa extrañeza y suspicacia (ahora dicen sospechosismo (!)) que los alcahuetes ahora sean inquisidores denunciando al niño mal portado.
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