(¿Estamos en un Nuevo Momento Histórico de la Lucha?)
Por Alfredo Velarde
Tras la lógica sucesoria que hizo posible la enunciación serial de nuestras tres primeras tesis de colaboración para Machetearte (a saber, I. La desorganización del poder del capital y sus instituciones; II. La denuncia del autoritarismo que el Estado neoliberal y sus gobiernos cómplices comparten; y III. Proponer iniciativas que traduzcan la rabia en organización consciente), pasamos, pues, a la exposición de la siguiente:
Tesis IV) Entender la crisis de representación y a las resistencias colectivas
¿Cómo caracterizar al delicado momento que vive el agraviado México del presente? Desde nuestra perspectiva de encuadre militante de izquierda anti-sistémica y contra-estatal para la agitación, la propaganda y la acción organizada consciente del amplio movimiento opositor de masas, como un momento claramente marcado por una profunda crisis política de representación y mando del régimen presidencialista y de su forma-estatal gubernativa inmersos en una coyuntura que ha hecho ostensiblemente clara la proliferación, a todo lo largo y ancho del país, de múltiples resistencias colectivas atomizadas, pero dispuestas a encontrarse para proferir un nuevo y hastiado ¡Ya Basta! unificado, general y definitivo, ante el conjunto de los atrabiliarios y corruptos desplantes insensibles de un sistema político de gobierno obsolescente, agotado y carente de toda legitimidad.
Las resistencias y la lucha en general, de su lado, tienen sentido y causas fundadas para la creciente acción organizada para combatir al régimen en todas partes, en la medida en que la acusación que vienen formulando, todas ellas, en rubros tan diversos como economía, política y sociedad, en la cultura, lo étnico y la ecología, por ejemplo, están soportados en el compartido hartazgo que la gente detenta respecto a las lesivas funciones de la prostituida clase política oficial, en unos casos interventora y en otros no-interventora, pero que en ambos insensibles desplantes resulta opuesta a los deseos, necesidades e intereses más sentidos de la gente que ha comenzado a comprender que, ante sus múltiples problemas, enfrenta y agrega otro conflicto adicional muy grave: lidiar con un autista Estado de urgencia pragmático y sus inefables gobiernos que son parte de los problemas y nunca de las soluciones ciertas, habida cuenta de que el régimen le da la espalda a los intereses populares para abandonarlos a su suerte y los obliga a caminar en sentido contrario al modo en que el Estado y sus gobiernos tratan con desdén a las abultadas demandas sociales que minimiza, mientras éstas crecen y se multiplican por doquier amenazando ya con desbordarlo todo.
Este hecho, en sí, ya ha supuesto una toma de consciencia general en amplias franjas de la población como no se había visto en mucho tiempo ya cansada de los engaños del régimen tripartidista de derechas a la mexicana. Una potente y sobrada razón para confrontar al Estado y sus políticas emplazadas contra todos nosotros, y que, por ello, está llamada a potenciar en sentido opuesto a sus deseos el radio de la inconformidad general contra el autoritarismo y la corrupción extremas que enfrentamos, así como de su patrón de acumulación capitalista oligárquico-excluyente para los más, de factura capitalista salvaje y neoliberal en favor de los más egoístas e individualistas intereses de los menos de más arriba pero muy poderosos, en la antagónica e injusta pirámide social prevaleciente.
En resumen: durante los últimos 33 años, desde las bases de un presunto estado “liberal” en México –aunque de factura conservadora-, y principalmente desde aquellos fundamentos suyos que fortalecen la “independencia de los poderes del mismo” por cuanto no rinden cuentas ante nadie que no sea parte integrante del poder y su tan demagógica como formal “justicia social” también inexistente y que, pese a todo, no les ha resultado posible sustentar políticamente y sin turbulencias para la causa del depredador sistema económico impuesto desde 1982, nos confronta ante sus más lesivos y claros resultados concretos: ajuste estructural con privatizaciones, desregulación financiera y apertura indiscriminada del mercado mexicano a los grandes tiburones corporativos de la globalización, sólo para proseguir con sus saqueos y despojos. De manera que, a la oficiosa politología a sueldo del gobierno, debemos decirle que el país no ha “transitado” a democracia alguna, sino que orientó el sentido de sus pasos, desde el fallido régimen de alternancia conservador de la docena trágica del panato desfondado con Fox y Calderón, a la retro-transición autoritaria que pretende concretarse en medio de tumbos por el torpe y mendaz gobierno del Astroboy de Atlacomulco y sus inefables contrarreformas neoliberales.
Tal mascarada del dizque “nuevo PRI” esté resultando ser, en realidad y por tanto, un régimen delincuencial que recrea al viejo PRI de siempre, como lo acredita el elevadísimo costo económico, político y social que está teniendo contra los mexicanos y que deberá de deponerlo de la titularidad del poder ejecutivo de la nación a fin de construir un nuevo presente y futuro emancipados. De la obligación política de entender la crisis actual, en la lucha por resolver nuestros afanes de cambio, están cifradas las posibilidades de éxito.
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