(¿Estamos en un Nuevo Momento Histórico de la lucha?)
Por Alfredo Velarde
Después de las primeras dos entregas fragmentarias previas y referidas a nuestras “Diez tesis para pensar la coyuntura nacional”, textos en los que sucesivamente se esbozara, tanto la necesaria iniciativa para desorganizar el poder del capital y de sus instituciones; y aquel otro, consistente en la urgencia por abiertamente denunciar el autoritarismo que Estado y gobiernos comparten por igual; estamos pues, en condiciones ya, de pasar a la exposición de nuestro tercer planteamiento de acción para el Programa Nacional de Lucha, en esta oportunidad y que ahora aquí se formula.
Tesis III) Proponer iniciativas que traduzcan la rabia en organización consciente
Una pregunta recorre en diagonal a la suma de inconformidades que el movimiento social está condensando, a la luz de la presente coyuntura. ¿Cómo mantenerla dinámica ascensional en la lucha que ha venido mostrando el movimiento? En lo general, ante la repetida formulación de esta pregunta, entre quienes ven que el componente de gran espontaneidad que priva en las múltiples manifestaciones de descontento que proliferan por doquier, tras Ayotzinapa, parece deslizarse la correcta intuición de que la espontaneidad que ha primado en las acciones, durante 6 meses, aunque no sea un fenómeno químicamente puro, empieza a hacerse claro que ésa lógica acusa cierto desgaste y detenta límites concretos que el movimiento debe advertir a tiempo y corregirlos.
En tal sentido, si bien la espontaneidad ha sido, hasta hoy, un factor de irrefutable acumulación de fuerzas, cierto es también que el movimiento, para escalar y amplificar el rango de su influencia social, parece obligadamente impelido a consolidarse a través de la cristalización de un conjunto de propuestas que sean capaces de caminar hacia un encuadre maduro de organizada coordinación general dúctil, para poder adaptarse a las cambiantes exigencias de cada momento específico; que lo hagan capaz de ir mucho más allá del consabido repertorio representado por el tríptico <<marcha-mitin-plantón>>, a punto ya de agotarse y quedar, por la vía de los hechos, rebasado. Esta es la razón de la necesidad por conquistar una forma superior de organización general-para este movimiento que es de todos- y que la haga apta para un empleo diversificado del repertorio de acciones, tareas concretas y tácticas de lucha flexibles que se precisan y cuya finalidad no puede ser otra que la efectiva y eficiente dislocación de la cadena de mando operativo del statu quo que combatimos y cuyas acciones debemos hacerlas trascender con eficacia política.
Por lo tanto, la organización horizontal del abajo-social en movimiento, debiera aspirar con la mayor brevedad posible a la múltiple conformación de consejos asamblearios por sector de actividad o zonales y estatales de la actividad laboral, barrial, académica, urbana y rural o cualquier otro ámbito de coordinación nacional inmiscuido en el movimiento general y que sea capaz de aglutinar a la gente y sea sensible a escuchar sus opiniones, para el hacer desencadenante de la extendida desobediencia civil por doquier y que le confieran a nuestras actividades de abierta disidencia política organizada y ya emplazada en lugares diversos, la ubicua efectividad que el movimiento está requiriendo en todas partes y al mismo tiempo. Sólo de esa manera estaremos en condiciones de alentar, con probabilidades de éxito, medidas como la del Paro Nacional que movilice a millones y la Huelga Económica General de masas que aspire a dislocar las actividades económicas, entendidas estas iniciativas como medidas de presión extrema, que deben irse preparando ya, como recurso-límite y determinante de la lucha general del movimiento que debe desencadenarse concertadamente con sus actores más vitales e importantes, para ser escalada con inteligencia política en todas partes.
Esta forma de organización consejista horizontal, independiente y autónoma, entendida como espacios de iniciativa de los muchos inconformes en lucha, debiera ser alentada desde la Asamblea Nacional Popular que se viene reuniendo periódicamente, a fin de aprovechar la inercia que ha supuesto el hecho de factual parálisis que está viviendo el tristemente célebre gobierno neoliberal-tecnocrático de Peña Nieto, justo cuando las de nuevo fallidas y permanentemente incumplidas promesas de crecimiento económico del régimen, se han precipitado en caída libre y con estruendo, según lo vienen reconociendo ya algunos medios sistémicos internacionales, como el globalista periódico Financial Times que no ha tenido de otra que admitir la obvia y grotesca contradicción entre el recorte programado y ya en curso del gasto federal, para este año y 2016, en un escandaloso monto de 259 mil millones de pesos (algo así como el 1.5% del PIB nacional), y la ostentosa dilapidación de los dineros públicos en el demagógico circo electoral de la partidocracia que nada nuevo traerá por el vaciamiento de contenidos y alternativas reales que habrán de singularizar a los desangelados comicios intermedios para un sexenio que, como el de Peña Nieto, apenas fue capaz de durar un decepcionante bienio con sus lesivas contrarreformas estructurales en el papel, aunque sin fondos para su operación ante la mirada hastiada e indignada de la sociedad civil del abajo social y que clama por saber qué hacer para detener la ignominia.
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